"la vida es demasiado corta
como para tantos sueños"


A solas con un extraño durante ya demasiado tiempo.
(Última carta desde el cielo
hasta donde habitan los negros y el fuego)
Allí, el paisaje casi permanente de lágrimas y voces
impresionaba.
Las paredes rezumaban dolores vistos hasta por los más pequeños.
Las esquinas eran redondas, para amortiguar los golpes.
Nunca hubo palabras cariñosas, ni miradas aclaveladas y agradables, ni tan siquiera caricias que infundaran algo de cariño, no ya de amor.
-Los roces más leves eran los de las bofetadas, no precisamente al aire-
La puerta parecía demasiada angosta para permitir la huida, una fuga con la complicidad de unos niños ya viejos de tanto sufrimiento.
Baile de cuchillos al atardecer.
Tarde de sangres.
A mí nadie me había dicho cómo se escucha la música bajo las aguas, en lo más hondo,
Ni tan siquiera cómo eres capaz de sentirse gaviota al colgar de la rama de uno de los árboles que miran a la mar.
Permanecería con ellos, por ellos, por los hijos a los que todo se les debe.
No contemplé la sencilla y cobarde posibilidad de un adiós premeditado.
-Sólo las cortinas maniatadas intentaron suicidarse a tiempo en aquella mal nombrada casa-
En el trasluz de los días, esta tragedia se veía venir.
Hasta ayer, florecían violetas en mi blanca piel,
Flores que no aroman, pero duelen,
Flores casi perennes para las Cuatro Estaciones.
Siempre era Primavera en mi cuerpo, hoy ya banal.
Y ante cada paso frágil del tiempo, más dolor, y más lágrimas con las que lavar el maquillaje de los sentimientos.
Historias de desamor hechas a base de alfileres, punzadas, golpes, puños, engaños, ...
Y palabras malsonantes jamás dichas en el Infierno,
-Palabras que hacían áridas hasta las praderas regadas por el corazón, que todo lo cura-
Los municipales ordenaron insonorizar mi vivienda para no molestar a los vecinos,
¡Qué crueles resultan los oídos que nada escuchan!
No seré yo quién redimirá tus angustias, ni tus pecados inimaginables, ni tu aliento siempre a uvas maduras y rancias.
Será Dios, o tal vez un dios menor, porque ni tan siquiera a Él te mereces.
Muchas veces tuve que decir que resbalé por la escalera de aquel edificio penumbroso,
Hoy no diré nada más, no me diré nada más.
El silencio, tan bello, ya me puede.
Tan sólo esperar que lo que de mí quede descanse en el Universo de Estrellas que nunca alumbraron.
Y cuando estés agonizando, en el umbral del ocaso, en tu enfermedad más dolorosa, sonreiré por mis hijos, por su vuelo libre.
Te ahogarás en el Infierno,
Y avivaré tu fuego con mis alas de ángel por fin eterna.










El atardecer de tus mejillas.
Vasto oficio tengo con leer y sellar las cicatrices de tu corazón ahumado,
Raídos y angostos se me antojan los pasillos que me llevan hasta él, con sus paredes vestidas de besos estereotipados con sabor a rosas.
A pesar de mi caridad de hoy, donde el cielo no exista estaré yo,
En la Nada, sentado sobre alguna hamaca inmóvil y oxidada, contemplando el Universo,
Y en la cercanía de los sueños, adicta mi piel siempre al atardecer de tus mejillas infinitas.
Imposibles sueños para tan corta vida,...



Agonizando, ya en ruinas.
Agoniza en ruinas la flor que ayer maduraba
en recuerdos,
Llenando su soledad con el lamento sordo de las piedras.
Deja caer su mirada lánguida sobre la horizontal hiriente
-muy lejos de aquella otra que tantas veces identifiqué como mía-
Una mirada sin un ayer con orígenes, sin un mañana de viajes.
Una mirada de fin prolongado y obtuso.
Ésa es la dura realidad que ni tan siquiera existe:
La flor, como único cielo al que amamos.

BBW Art Links:




|
un paraíso para los seis sentidos... cinco banales y el amor


Elegía al amor perdido.
I.
Te dibujo con mi mano vestida de verso cálido
y mi cuerpo embriagado de claveles negros.
Te dibujo en sueños,
Entre luces y sombras de una luna, juguetona y curiosa.
Pienso en el placer del ayer sin obviar las tierras penumbrosas del mañana,...
(En tu rostro no puede caber más belleza que la palidez del adiós)
II.
Llegará el día en que nos digamos algo más que silencio.
Será cuando el galante sol deje de seducir el alba,
Será en la antesala del ocaso,
Cuando los dientes perlados de la muerte asomen para conquistar cualquier resquicio de vida.
Allí, las palabras serán como el bronce sobre el granito del sepulcro,
Perennes, inmortales, infinitas.
III.
La amistad es una nube efímera de rostro sonriente.
Pero el querer va más allá,
Llena hasta la vida y hasta la muerte.
Yo no quiero ser amigo más que del silencio,
Ni querer a nadie más que a mi soledad afilada.
Simplemente quiero pasar.
Pasar por la vida no vivida y llegar hasta la muerte para vivir.
IV.
Otoño cruel con sabor a muerte.
El viento del Norte ni tan siquiera llega al Sur.
Oigo a mi alma abrirse camino entre las celdas globosas de mis ojos
-Tiene ansias por tomar el cielo-
Sin embargo, a la muerte apenas la siento.
Permanece acechadora, desafiante,
Tras la esquina del corazón.
V.
Cómo quieres que me beba tus lágrimas si yo soy nube.
¡Déjalas caer!
Que las reciba el viento con sus manos infinitas y las lance a lo más alto del cielo,
Como brisa de mar, marinera y herida.
La mano de un Dios desconocido nos maneja a su libre antojo.
Y caemos.
Y morimos.
Abandonados en el quicio del adiós,...
No puedo combatir tu tristeza con mi vacío,
Ni romper desde mi soledad tu silencio.
VI.
Que tu adiós sea tu fe.
Fe para creer,
Fe que para defendernos de la muerte
(Y de la vida)
Y que tu fe te permita decirme adiós.
VII.
Hoy, cuando falta la luz poética de un ser querido,
La vida, tan lejana, se plantea hasta su propia
existencia.
El recuerdo no es más que esencia desvaneciéndose en contados segundos.
Nada queda más allá del amor.
(Algo tuyo, quizás de todos, quedo atrás,
Sumido en el silencio perpetuo del dolor)
VIII.
Hasta mis oídos sordos pudieron oírla.
Vino con sus alas de terciopelo negro.
Con sus fauces hechas olas de mar.
Como loba hambrienta tras su presa.
Con un destino grabado en su vientre.
Y se llevó tu cuerpo,
Maniatado de pies, de manos y de alma.
No recuerdo más,
Tan sólo el eco de ausencias de unas campanas doblando por angustia y dolor.
(Y unas espinas de rosas en mi cuerpo madurando hacia profundos estigmas)
IX.
Y te vi, como el que ve el dolor y calla,
Como el que saborea la fruta amarga del desespero y calla,
Como el que cuenta los segundos y calla.
Zarandeaba el viento, con sus mil manos, el manto eclesial
-Vals en la antesala de la muerte-
Y una cruz, de negro y oro, vestida iba de llanto.
Y los rostros impávidos desbordaban aguas de fuera a dentro.
Y la muerte se dejaba caer entre lágrimas tragadas.
X.
Yo no sé llorar.
Tan sólo quiero ser fuente de olvidos,
Pero me es imposible.
¿Cómo existir el amor si por dolor no viene?
Es imposible que la lluvia caiga de la tierra al cielo.
Yo no sé llorar,...
Pero hoy mi alma es un mar de lágrimas.
XI.
Jamás había sufrido tanto en mis cien vidas anteriores.
Porque fui primero mar y desbordé mis ansias por tus costas,
Luego fui rosa hasta envolverte con mis fragancias,
Y fui viento para enloquecer con tus cabellos en las alturas.
Más tarde, me vestí de colores y negro,
Y entonces fui perdón y castigo,
Fui tiempo,
Fui luz y sombra,
Compañero y enemigo,
Esmeralda y roca,
Fui adiós,
Fui vida,
Y siempre fui nada más que muerte.
Por último he sido hombre,
Pero volveré a ser muerte,
Para al final ser ángel eterno.
Y quisiera reencarnarme de nuevo en mar,
Para perderme como se pierden los gaviones,
Tan lejos de la costa,
Y surcar el infinito de tu cuerpo.
XII.
A pesar de mis seis sentidos
-Cinco banales y el amor-
Hace ya tiempo que el respirar de las olas en la mar a mis pulmones ya no llega.
Hoy en mí existe nada.
XIII.
Me pregunto si al recorrer el mismo camino más de mil veces,
Podré decir que he vivido.
Sólo así pensaré que la vida es algo más que un sueño profundo con los ojos abiertos.
Algo más que monotonía, día tras día.
XIV.
Suspiro diez caballos con sus alforjas llenas de aromas con sabor a ti.
Potros que desbocados van por los caminos del recuerdo.
Y sin verte, te veo.
Como el que ve el cielo y se sonroja,
Como el que saborea el placer de la miel y se sonroja,
Como el que toca el oro y se sonroja.
Y te siento, como rosa vestida de clavel,
-Suave mixtura de terciopelo enamorado-
Balbuceo y estás tú.
Tras cada sílaba, cual sombra.
Como roca que forma muralla y que sin otras rocas es nada más que nada.
XV.
Lloraré hasta la muerte.
Y sólo así mi amargura y mi silencio se harán aguas.
Aguas que recorrerán las ondas gélidas de mi cuerpo.
(Y por fin, me sentiré libre de tus recuerdos)
Hay un vacío hiriente en mi alma etérea,
Un eco de voces tan calladas,
Un mismo sueño difuso tras cada noche distinta.
Pendiente quedo para la vida y para la muerte,
En mi quietud. Equidistante.
Y entre el ruido de la multitud no consigo adivinar sus pasos.
Y me siento perdedor y sueño con seguir siéndolo.



|

mi
compatibilidad
astrológica
|

|
¿Cómo es Escorpión? El Escorpión es apasionado y sensual. Son muy serios con respecto a sus relaciones, y guardan muchos secretos. Les encanta el suspenso, el misterio, y los encuentros clandestinos. |
Escorpión
Octubre 23-Noviembre 21
Siendo el signo más difícil de comprender. El Escorpión no puede esperar mejor pareja que con otro Escorpión.
|

|

|
Aries
Marzo 21-Abril 20
Uno se conoce por testarudo (Aries), y el otro por sigiloso (Escorpión). Por ello, la comunicación es casi imposible entre estos dos. Pero, el conflicto de genios tan fuertes resulta en una relación sexual calientísima – y poco duradera.
|
Tauro
Abril 21-Mayo 20
El Toro es directo y abrupto, mientras que el Escorpión es indirecto y sigiloso. Sí es que al Escorpión le llame la atención el vigor del Toro, puede que estos dos estén un rato tras puertas cerradas.
|

|

|
Géminis
Mayo 21-Junio 20
El Escorpión es muy dominante y abrumador para Géminis, quien tiende ser más libre y distraído.
|
Cáncer
Junio 21-Julio 21
El instinto devoto y acogedor de Cáncer asienta bien con el posesivo Escorpión. Esta pareja tiene muy buen porvenir, sí es que lleguen a confiarse uno al otro.
|

|

|
Leo
Julio 22-Agosto 22
Al León le gusta dominar y que le digan “Su majestad”. Falta solo que el Escorpión se deje controlar y que aprenda a abrir la boca.
|
Virgo
Agosto 23-Septiembre 22
Es el hábito de ambos signos desenvolverse en el amor muy lentamente. Por ello, se llevan muy bien en pareja, sí no es que pierden el interés mientras la relación se calienta. También comparten similares opiniones con respecto a la vida doméstica.
|

|

|
Libra
Septiembre 23-Octubre 22
Con respecto al tema de amor, estos dos chocan bastante. El Escorpión es muy serio, mientras que Libra es muy coqueta. Uno anhela estabilidad en su vida personal, y el otro la libertad.
|
Sagitario
Noviembre 22-Diciembre 20
El Escorpión es demasiado reservado, y nunca habla claro. Sagitario prefiere el descubrimiento y la exploración. No los rompe-cabezas.
|

|

|
Capricornio
Diciembre 21-Enero 20
La sensualidad del Escorpión le inspira la imaginación al Capricornio. Su tendencia posesiva, también, hace que el celoso Capricornio se sienta seguro. Esta es una fuerte e intensa pareja.
|
Acuario
Enero 21-Febrero 18
Aunque compatibles intelectualmente, el Escorpión acaba exigiendo demasiado de Acuario. Los Escorpiones tienen que buscar su pareja permanente entro los signos más parecidos.
|

|

|
Piscis
Febrero 19-Marzo 20
Para ambos signos, el mundo emocional es la clave. El Escorpión es misterioso, y al Pez le gustan los misterios y los secretos. Esta sería una pareja intensa, posesiva, llena de encuentros prohibidos y pensamientos secretos.
|
En el camino.
Camino,
Acompañado por la más querida e incomprendida de mis soledades.
Mis ojos, como fuentes de cristales.
Destino: hacia ninguna parte y hacia todas.
Veo la inmensidad del horizonte y, ante mí, un mar de espejos provocadores,
Jamás he conseguido mirarme en ellos.
Simplemente emergen
Y se desvanecen ante la proximidad de mi alma impura. |
|
|

“Parad los relojes, descolgad el teléfono, prevenid el ladrido del perro con un jugoso hueso, silenciad los pianos y con apagado tambor el ataúd sacadle a las plañideras. Avisad que avionetas negras nos sobrevuelen y que en el cielo escriban el mensaje: él ha muerto. Poned en los blancos cuellos de las palomas un crespón. Que los guardias lleven guantes negros de algodón.
Él fue mi norte, mi sur, , mi este y mi oeste, mi semana de trabajo, mi descanso dominical, mi mediodía, mi medianoche, mi charla, mi canción. Creí que el amor duraría siempre, me equivoqué. Ya no quiero las estrellas, apagadlas todas, envolved la luna y desmantelad el sol, vaciad el océano y los bosques arrasad, por que ya nunca nada podrá acabar bien”.
W. H. AUDEN
 |
|

27/01/07 Un nuevo espacio dedicado a la tranquilidad, la escritura y a los admiradores de las curvas perfectas y seductoras de las BBWs.

|
Y sentirme perdedor.
Hay un vacío hiriente en mi alma etérea,
Un eco de voces tan calladas,
Un mismo sueño difuso tras cada noche distinta.
Pendiente quedo para la vida y para la muerte,
En mi quietud.
Equidistante.
Y entre el ruido de la multitud no consigo
adivinar sus pasos,
Y me siento perdedor, y sueño con seguir siéndolo.

Citas sobre la mujer.

Las mujeres son lo que se quiere que sean. Leandro FERNÁNDEZ de MORATÍN
Hay mujeres que quieren tanto a sus maridos que, para no usarlos, toman el de sus amigas. Alexandre (hijo) DUMAS
Estimo que el éxito con las mujeres es, de ordinario, una señal de mediocridad. Gustave FLAUBERT
Las mujeres son muy útiles, sobre todo por la noche y, con frecuencia, durante el día. Groucho MARX
La volubilidad de la mujer a quien amo es solo comparable a la infernal constancia de las mujeres que me aman. George Bernand SHAW
El único secreto que saben guardar las mujeres es el de los años que tienen. Bernard le Bovier FONTENELLE
Ah, el amor de las mujeres: ya sabemos que es algo encantador y temible. Lord George Gordon Noel BYRON
El amor es la eterna historia del juguete que los hombres creen recibir y del tesoro que las mujeres creen dar. Honoré de BALZAC
Es cierto que el amor conserva la belleza y que la cara de las mujeres se nutre de caricias, lo mismo que las abejas se nutren de miel. Jacques Anatole FRANCE
Otorguen o rehusen, las mujeres se complacen en ser solicitadas. Publio OVIDIO NASÓN
Las mujeres demasiado bellas sorprenden menos el segundo día. Henri Beyle STENDHAL
Las mujeres son secretistas por naturaleza, y les gusta practicar el secreto por su cuenta. Sir Arthur Conan DOYLE
Como las ciudades en guerra, todas las mujeres tienen un flanco indefenso. Cuando se les descubre, la plaza se rinde inmediatamente. Donatien Alphonse François, Marqués de SADE
No hay mujeres feas; sólo mujeres que no saben cómo parecer bellas. Jean de LA BRUYÈRE
El oro es como las mujeres, que todos dicen mal de ellas y todos las desean. Félix LOPE de VEGA
Las mujeres no llevan lo que les gusta. Les gusta lo que llevan. Christian DIOR
Las mujeres y la música nunca deben tener fecha. Oliver GOLDSMITH
Las mujeres han sido hechas para ser amadas, no para ser comprendidas. Oscar Fingal O'Flahertie Wills WILDE
Las mujeres son como las veletas: sólo se quedan quietas cuando se oxidan. François-Marie Arouet VOLTAIRE
El amor es un niño grande; las mujeres, su juguete. Severo CATALINA
Los hombres que no perdonan a las mujeres sus pequeños defectos jamás disfrutarán de sus grandes virtudes. Gibrân Jalîl GIBRAN
Cuando las mujeres se besan, siempre recuerdan a los boxeadores profesionales cuando se estrechan las manos. H. L. MENCKEN


Jamás vi la mar
tan azul como en Llanes
¿acaso mis momentos tristes
eran allí más grandes?
Unas olas adulzando
mis ojos con sus bailes,
gaviotas volando en torno a mí
pidiéndome que les hable
y mi cabeza rezando a Dios
para que mis recuerdos callen.
El acantilado se vuelve gris
con el paso de la tarde
y aquí el sol se esconde también
sin que nadie se lo mande.
Barcos pescadores mar adentro
de la mano de intrépidos capitanes,
buscando el pan sufrido y diario
que traer a sus hogares.
...Y el manto azul del cielo
en un hermoso instante,
parecía confundirse en el horizonte
con las aguas del mar de Llanes.
(Y yo en esta envidiable paz
no quise esa noche acostarme)
(Playa de Llanes, 23-9-99)











|
|
EL PRESENTE.
Recuerdo ahora mi última visita a aquel pueblo. Por entonces, el campo estaba engalanado de sus mejores joyas, vistiendo sus mejores colores. Las orquídeas abrían sus bocas sedientas de amor, los arroyuelos cristalinos desbordaban de alegría por sus cauces, los petirrojos recitaban versos heridos que manchaban su pecho de sangre, los lagartos se bañaban desnudos al sol y los somormujos del estanque trompeteaban al aire con su griterío dispar. Todo este entorno natural sucedía a unos pasos de las primeras casas de la periferia de la urbanización. También la primavera descansaba feliz en los rostros de aquellas gentes, a pesar de que su idiosincrasia era un tanto recelosa, hostil y taciturna.
| En aquellos días, todo eran miradas afables, gestos cordiales, manos tendidas, favores sin pedir nada a cambio,... Recuerdo una vez que estando paseando con ellos bajo las mil manos precipitadas de los sauces del parque, comentando algunos de los versos de Walt Whitman, llegué a decir que parecían hasta sonreír los bronces que adornaban las esquinas de aquel jardín esplendoroso. Aquellos metales, con formas de mujeres apetecibles, casi diosas terrenales, parecían recobrar vida y mostrar interés por nuestros cuerpos y nuestros rebuscados comentarios. |
|
En aquel pequeño pueblo de la serranía de Madrid, tan desértico, tranquilo y recóndito como muchos, confluían distintas culturas, pero esto no fue impedimento alguno para que la convivencia fuera de lo más llevadera, me atrevería a afirmar que casi existía una paz demasiado monótona. Allí se podían ver hombres venidos de la gran ciudad para su descanso, extranjeros cuya residencia era este pueblo y su trabajo lo realizaban en Madrid, lugareños del mismo pueblo, inmigrantes de otras regiones españolas, algunos emigrantes sudamericanos, etc. Sin embargo, nunca hubo razón alguna para la confrontación. Yo veía a todos pasear felices, al menos eso siempre me lo pareció, mostrar su cara más amable a la vida, en fin, rebrotar por sus labios las ansias irreprimibles de vivir.
 |
Durante unos meses las muertes habían cesado y esto originaba ese ambiente cordial. Quizás algún Dios, o tal vez algún dios menor, se apiadó de nuestra desgracia y nos compensó con algo de luz y color. Sin duda, aquellas muertes dejaron amplias heridas -aun no curadas, tal vez incurables y crónicas, eternas- en el seno de aquella localidad un tanto decrecida. Nadie sospechó por un instante que aquello pudiera pasar. Los corazones y las almas continuaban aun resintiéndose, pero esto ya sería de por vida.
En medio de aquel ambiente florecido y bello, tan primaveral, que vino tras aquel otoño de almas quietas y gélidas, una casa de entre todas las otras se vestía de sombras. Jamás llegué a ver otro contraste semejante. Las demás casas se adornaban con el mayor de los blancos en sus paredes, hasta parecer que tan sólo eran un peldaño más hacia el cielo, y sus rejas estaban tan bien pintadas que más parecían pestañas para los ojos de las ventanas. Pero aquella otra era una casa vieja, con olor a añejo, con solera, umbrosa. Estaba hecha a base de pizarras -traídas de las canteras de la sierra que servía de sombra para las tardes ardientes de los veranos- y de enormes maderos de los de antes, a modo de vigas, que servían para soportar los techos. Cuando paseabas cerca de ella, se podía respirar la agonía padecida años atrás entre sus paredes y que silbaba, a modo de quejidos y lamentos, entre las oquedades de las maderas de roble ya abiertas. En las inmediaciones, cualquier hombre o mujer podía notar aquella aureola de sombras y sentir en su piel la brisa que corría por la calle, que se tornaba fría y extraña al tocar la fachada de aquella casa. Hasta en el más tórrido y seco de los estíos, el aire de aquella calle era siempre frío y triste. |
Sus ventanas eran también de madera. Hoy permanecían cerradas, más bien selladas con unas tablas para no permitir la entrada de los niños curiosos que jugaban por el barrio. Los chiquillos siempre se preguntaban cómo estaba aquella casa en medio de una manzana de lujosos chalés donde ellos mismos vivían. Recuerdo a los escasos turistas pasando una y otra vez por aquel barrio, cuando iban camino de la bella plaza del pueblo y deteniéndose para fotografiar la rareza de una vivienda única y desentonada (me pregunté muchas veces si su intención era la de querer mantener vivo en la memoria lo que debe ser olvidado). Las ventanas parecían ojos recién dormidos y continuamente parecían desangrarse en dudas. No sabían si abrirse de nuevo al mundo o yacer dormidos ya para siempre. Antes, tiempos atrás, fueron muchas veces cómplices de sueños prohibidos, de amores compartidos. En otras ocasiones, también innumerables, tuvieron que cerrar y dar la espalda para no ver lo que dentro estaba pasando. Pero hoy yacían cerradas, dormidas en un sueño profundo, muertas, esperando que alguien las abriera de nuevo, para dejar escapar los malos espíritus y poder renacer lo que de ella quedara en una nueva etapa. |
|
Todo de aquella casa tenía su sentido. El jardín estaba en el umbral del ocaso, en la antesala de lo perdido, en la penumbra del olvido. Ya no era ni la sombra del universo de flores de antes. La hojarasca, también muerta, lo cubría todo. Las aguas del estanque se asfixiaban entre tantas algas, no dejando ni un solo resquicio, nada, para la vida. El quiosco también refería ya poco. Los tulipanes traídos especialmente de Holanda, ya ni tan siquiera se asomaban para ver la luz, y su flor era una pequeña mota de color entre tantos adioses. Las mariposas ya no dejaban sus huellas por el aire de sus conquistas diversas a las flores más hermosas. Los árboles, ya sin podar, amontonaban sus ramas en una amalgama de verdes sin sentido, entrópica. De todos ellos, el sauce pedía más clemencia que nunca con sus brazos resignados acariciando el suelo. Todo ello daba la impresión de un universo edénico ya perdido, fracasado.
Aún se puede ver la cruz de madera que señala el lugar donde enterraron a Diana, una gata cenicienta que siempre iba a dormirse sobre los pies de ellos o de cualquier amigo invitado a la casa. Ella se había sentido tantas veces protegida por todos que, cuando murió, decidideron enterrarla cerca, para que su espíritu siguiera estando cuidado por el de ellos. Apenas desdibujado pude recordar y leer el epitafio escrito sobre una losa de pizarra negra:
“Con ella se han ido nuestras últimas palabras de amor en verso”.
Recuerdo que el cielo se había vestido de gris casi de forma permanente durante aquel invierno trágico. Apenas se pudo ver el sol. En todos los corrillos del pueblo se hablaba de lo mismo. Los habitantes del pueblo no tenían otra conversación que las propias preguntas en torno a lo ocurrido. Preguntas sin respuestas, voces erráticas pidiendo algún tipo de razón en medio de la sinrazón más extrema.
 |
Ayer, decidí vivir de nuevo de los recuerdos y, para ello, fui a visitar la casa, a pesar de que había estado el día del entierro y de nuevo al año, cuando ya no parecía ni la sombra de lo que antes fuera. No dudé a la hora de encontrar la urbanización, ya un tanto cambiada, porque había estado en numerosas ocasiones.
En la entrada y junto al pino esbelto había un cartel indicando los teléfonos de la inmobiliaria encargada de venderla. La habían puesto en venta los dos hijos. El resto continuaba como antes he descrito. Hablé con dos viejos, apostados como guardianes en un banco junto a la entrada, y les pregunté por la casa, por su precio, por sus antiguos inquilinos. Me dijeron que allí vivió una familia de bondad impagable, simple, educada, de vivir tranquilo. El más anciano de los dos era más parco de palabras y aún así refunfuñó:
-Hace días que vivo en este pueblo, veo muchas cosas. Nuestra mentalidad no está preparada para vivir en estos días, la vida es corta y los sueños que tengamos debemos hacerlos realidad, sólo así seremos felices. Si la casa le gusta y tiene posibilidades, cómprela. Seguro estoy de que sólo así se sentirá realizado. |
A mí siempre me parecieron las gentes de aquel pueblo muy preparadas culturalmente. Las tragedias, y ésta en particular, les habían hecho fuertes. Esta apreciación me sirvió para enfrentarme a Frank en varios debates sobre esas particularidades.
Antes de marcharme, di la vuelta a la manzana y me adentré en el parque de pinos. Me senté en el banco preferido de Marta, sentado y a solas, en compañía de nadie, maquillando con mi mente la luz tenue del día. Sentí la arena cándida del recuerdo confundirse en mis ojos y dejé inevitablemente llover en ellos. Demasiado tiempo perdido, excesivo fracaso para tan corta vida. Fueron unos instantes amargos. Pensé, no sin esfuerzos, el paso del tiempo que todo lo puede, lo débiles que somos, lo distantes que nos econtramos del cielo, la vida que nos malgasta sin que podamos oponernos a ella. Me vino a mi mente el recuerdo de Marta, y el de Frank, y el de los otros. Supuse por un instante que mis aspiraciones habían mandado al traste con sus vidas y me sentí el mayor de los traidores, capitán sin velero en tierra firme que hundió su barco por no querer navegar. Me sentí más solo y perdedor al ver caer el sol entre las copas desamparadas de los pinos, a la vez que los estorninos hacían masa común para pasar la noche entre sus ramas, sabiendo que mi noche era distinta a la de ellos, porque la pasaría solo. Y continué llorando, sin que la experiencia me sirviera de coraza ante el abandono, ante mi soledad, ante la traición.
Regresé a donde había dejado el coche, apunté los teléfonos de la inmobiliaria y me monté en él, no sin antes echar una última mirada a la casa. Volví a recordar a todos mientras puse en marcha el coche. Supe entonces que mi destino estuvo y estaría escrito entre aquellas cuatro paredes multiformes y desnudas. |
|
|
|
las curvas femeninas como belleza artística y sensual


©
ferrodex.com. 2007. Todos los derechos de logotipos, imágenes y textos reservados.
|